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Markus Stockhausen: jazz, horizontes y paisajes

Enrique López Magallón25 de septiembre de 2007

Markus Stockhausen habló con DW WORLD acerca de sus proyectos artísticos y la importancia del desarrollo espiritual. El trompetista alemán presenta sus "tesoros musicales" en Bonn. Horizontes sonoros, llenos de paisajes.

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Markus Stockhausen, en plena interpretación.Imagen: picture-alliance/dpa

El trompetista alemán Markus Stockhausen cierra los ojos y comienza a tocar una melodía por encima de los sonidos que, en el sintetizador, confecciona el polaco Vladislav Sendecki. Comunicados así, no hace falta otro lenguaje para que sepan exactamente cuándo llegan a una cadencia ligeramente disonante, que marca el inicio de nuevos episodios sonoros.

Al completar el último acorde, ambos dejan que las notas se prolonguen y se extingan en el infinito. Al borde de la magia misma, Stockhausen se ríe y mira al tecladista. “Me encanta cuando alguien escucha esta parte”, dice con voz que ocupa el lugar de la música en la sala casi vacía.

Es uno de los ensayos finales antes de que el trompetista se presente en el concierto Electric Treasures, en el foro de la Kunst- und Ausstellungshalle de Bonn. Se trata de uno de los muchos proyectos en los que el versátil músico participa de manera permanente y cuya vigencia no se agota con los meses. De su propia « música cósmica », y de algunos recuerdos latinoamericanos, habló Markus Stockhausen con DW WORLD.


Usted presenta por estos días dos espectáculos: Electric Treasures y Acoustic Treasures. ¿Qué hay detrás de cada uno de ellos?

Son dos proyectos muy distintos realmente. Electric Treasures es una esencia de la experiencia que hemos acumulado Arild Andersen, Patrice Héral y yo a lo largo de más de diez años de tocar juntos. Participa también Vladislav Sendecki, un pianista polaco que se acopla fantásticamente a esta banda. Estoy muy contento de poder colaborar en esta constelación. Durante muchos años busqué la manera de ampliar este trío con Arild Andersen y Patrice Héral. Finalmente encontramos a alguien -Vladislav- que encaja perfectamente en el conjunto.

Mi intención era presentar algo en el marco de la exposición Tesoros submarinos de Egipto, que tiene lugar en este museo: los tesoros musicales propios que actualmente puedo ofrecer, con personas muy especiales. Al mismo tiempo, simplemente vamos a tocar, a dejar que las ideas fluyan libremente. Cada uno tiene tanta experiencia en el campo musical y un trasfondo tan increíble, que se establecen dinámicas muy valiosas.

Como contraste, en octubre presentaré Acoustic Treasures con la clarinetista holandesa Tara Bouman y Mark Nauseef en las percusiones. Es un aglomerado de sonidos muy delicados, suaves y transparentes, en los que ella también bailará una danza tipo ritual. Con Tara Bouman, mi esposa, colaboro intensamente desde hace cuatro o cinco años. Tenemos un dúo, Moving sounds, en el que a menudo ofrecemos conciertos en iglesias, por ejemplo, o en museos. A Mark lo conozco desde hace treinta años. Él me invitó a su primera producción y desde entonces tenemos una muy larga amistad. Así que él trae consigo sus muy especiales instrumentos de percusión. Hay momentos de calma y esos son los tesoros acústicos a los que me quise referir.

Ha mencionado proyectos muy distintos. ¿Hay un leit motiv entre estos acontecimientos musicales y artísticos ?

Quizá hay un elemento común en cuanto a que no se trata de música comercial. No es algo que uno quiera presentar en el sentido estricto de la palabra; es algo que se presenta por sí mismo. Todos ellos son personas que tienen una calidad humana extraordinaria y que dominan por completo la técnica de sus instrumentos. Son seres humanos despiertos, amigables, capaces de interactuar positivamente unos con los otros. Es la famosa química, como se dice, entre los participantes. Eso es importante. La música sale sola a partir de esta simbiosis.

Usted toca también en un trío de jazz y hace poco presentó su disco Lichtblick. ¿Qué tan distinto o similar es éste al jazz de Electric Treasures?

Son proyectos muy diferentes. Con este trío -Angelo Comisso, Christian Thomé y yo- sacamos el primer album que usted menciona, y luego, Es war einmal-Instanti infiniti. Son piezas con una estructura relativamente clara y también con mucha improvisación. Podría decirse que se trata de un formato clásico en cierta manera. Angelo es un excelente músico de jazz, pero su formación es clásica. En Electric Treasures la estructura es mucho más libre, más abierta. Por momentos algo salvaje y cruda, y en otros, extática y muy fina. Es mucho más radical.

La música, el desarrollo humano y las atmósferas, según Markus Stockhausen. Siga leyendo...



Su música suena siempre llena de atmósferas. ¿A qué se debe ello?

Así soy yo. Es mi sonido, mi ideal. Busco cierta amplitud y cierta belleza en él. Un horizonte en el cual uno pueda contemplar muchos paisajes. Es mi temperamento y mi gusto musical.

Esto sucede hace mucho tiempo. En los años ochenta lo escuchamos en México junto con el pianista alemán Rainer Brüninghaus. ¿Cómo se siente usted hoy en el ámbito del jazz? ¿Se siente mejor que entonces?

Como género en sí, debo decir que el jazz no me interesa demasiado. No soy un músico que viaje de un festival a otro y se presente continuamente, sino que nosotros escogemos lugares selectos donde nos presentamos. Soy conocido como trompetista de jazz pero no pertenezco al mainstream. Llevo el apellido Stockhausen y ello me ayuda un poco a mantenerme al margen. He aprovechado esa circunstancia para hacer otro tipo de música muy distinta. Hay personas que aprecian mucho esta cualidad de mi persona y me invitan. Eso es suficiente para mí. No quiero ni necesito ser un estrella del jazz. Soy de la convicción de que siempre lo individual y lo auténtico son más fuertes y acaban por imponerse. Hago lo que me hace feliz y lo que me divierte. Por cierto, tengo recuerdos muy bonitos de aquel viaje a México y de la etapa en que toqué con Brüninghaus.

Acaba de mencionar su apellido, que su padre hizo famoso. ¿Toca o compone aún con él?

Por diversas razones, dejé de tocar con mi padre en 2001. Una de ellas es que yo quería hacer mi música y tener mi propio horizonte espiritual. Fueron 25 años los que trabajé con él y fue un período muy importante. Pero yo necesitaba esta pausa, que no sé si será definitiva. La distancia resultó importante. En esta fase comencé a componer, incluso piezas para orquesta y trío de jazz. Este año fueron dos grandes obras: un doble concierto para trompeta, clarinete y orquesta de cuerdas, y otro para trompeta, big band y orquesta de cuerdas.

Mi última pregunta. ¿Qué tanta teoría musical, y qué tanto de todos estos estados espirituales contiene su música?

He hecho mucha música clásica y contemporánea. He escuchado gran cantidad de música, y eso amplía necesariamente el horizonte. Cuando compongo me doy cuenta de que, sin proponérmelo, surgen muchos tipos de criterios que he absorbido y que utilizo: criterios formales, elementos de contrapunto, armonía. Uno aprende todas estas cosas y las pone a su disposición. Yo no lo sabía, pero cuando uno se pone a componer surgen posibilidades insospechadas. Desde el punto de vista espiritual, se trata de una cuestión difícil de establecer. Me interesa el desarrollo espiritual del ser humano. Estoy convencido de que tenemos posibilidades ilimitadas. Creo que ése es el propósito de que estemos en este mundo y en ello coincido totalmente con mi padre.

Él ha dicho que el mundo es un Kindergarten

Ciertamente. Somos como niños. Solamente mire las tonterías que hacen algunos políticos, o los intereses que inspiran a sus actos : el poder, la ganancia, etcétera. En cierto sentido es algo aburrido, cómo se repiten una y otra vez los mismos fenómenos. Es el juego de la vida, pero también su dualidad. También tenemos mucho campo para crecer y evolucionar.

Señor Stockhausen, muchas gracias por esta entrevista.