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La conciencia de Alemania

23 de marzo de 2007

Adorado por sus seguidores, pero también polémico, el llamado de Heinrich Böll a luchar contra la apatía continúa vigente.

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Heinrich Böll, galardonado con el Nobel de Literatura en 1972.Imagen: dpa - Bildfunk

"No temo al peligro de actos criminales perpetrados por grupos antisemitas y neonazis, sino a la enorme masa de demócratas absolutamente indiferentes", afirmaba en 1960 Heinrich Böll. El autor de "Confesiones de un Payaso", nacido el 21 de diciembre de 1917, fue uno de los primeros en tomar posición contra la xenofobia y el extremismo de derecha en Alemania. Para muchos era la encarnación del buen colonés, católico, sencillo, gentil. Para otros, su voz representaba la conciencia moral de Alemania. Pero su figura también fue blanco de críticas, por ejemplo cuando en los años 70 hubo quienes le acusaron de "simpatizar" con los terroristas de la Fracción del Ejército Rojo (RAF).

Con los ojos de la postguerra

Ser foco de malas interpretaciones y polémicas es el riesgo que suelen correr aquellos como Böll, que dicen lo que piensan y se pronuncian en temas candentes. El presidente del Pen Club alemán, Johanno Strasser, lo define como un gran defensor de los derechos humanos y un "poeta del humanismo". Fue también el escritor del hombre común, que plasmó en su obra la suerte corrida por los millones de personas que naufragaban en los escombros dejados por la II Guerra Mundial.

"Böll siempre siguió siendo un escritor de la generación de postguerra, que vivió el desastre con los ojos abiertos y quería hacer las cosas mejor", apunta Strasser. Por este motivo sufrió una gran decepción al ver que la nueva Alemania no había roto en forma tan radical con el pasado como él hubiera querido. Su temperamento de tendencia melancólica no le impidió rebelarse en forma vehemente contra la injusticia, ni defender con vigor sus puntos de vista, aunque esto le valió más de alguna disputa, también con la Iglesia.

Defensa de los perseguidos

A menudo intervino en favor de los perseguidos, por ejemplo, pidiendo la libertad de intelectuales encarcelados en la Yugoslavia de Tito, en 1974, o brindando apoyo a Alexander Solsyenitzin, cuando fue expatriado de la Unión Soviética. "Böll fue un testigo literario de inclaudicable humanidad y una instancia moral de una estatura hoy casi inconcebible", afirma el presidente del Pen Club alemán.

Hoy en día, su obra sigue atrayendo el interés de las nuevas generaciones, por cuanto habla de humanismo y solidaridad. No obstante, muchos de sus relatos han ido desapareciendo paulatinamente de las listas de lectura obligatoria en las escuelas, especialmente aquellos referidos en forma directa a los problemas de postguerra, que poco tocan a los jóvenes de hoy. Pero hay otras obras, como " El honor perdido de Katharina Blum", que siguen estremeciendo por su vigencia. Y lo mismo puede decirse de su llamado a permanecer atentos frente a los peligros que acechan a la democracia.